¿Y si yo te contara?


¿Y si yo te contara, algún día,
imagina en tu casa o en la mía,
que aquella noche en la abadía,
no era yo quién te quería?
Eran las ansias que sentía,
dudo si de veras o mentía,
cuando sin hablar yo te decía:
¡No mires así, pequeña arpía!

¿Y si yo te demostrara, algún día,
que si tu sueño se cumplía,
con muy poca desgracia sería
una boda sin virtud ni dinastía?
No descuides, niña, tu niñería
pues ya sabida mi osadía,
erraste, mujer de poca puntería,
no sólo el tiro, sino también la portería.

¿Y si yo te confesara, algún día,
que no sólo no me casaría,
sino que, válgame como utopía,
con otro varonil hombre yo dormiría?
Ya te dije, hermosa impía,
que tu error nos llevaría,
a mi con bien; a ti vacía,
a este pozo de la cama en rebeldía.



BARCELONA, 9 de abril de 2008

Green on blue


Tu almirantía, por Andrew

Sueño a tres bandas, Andrew


Me conformo con verte cada día,
con sentir tus ojos si me miran.
Me conformo con soñar los sueños que deliras,
con mentirte el resto de mis días.

Me resigno a conocerte cada viernes,
a creer promesas que te inventes.
Me resigno a pedir prestado al inconsciente
un hechizo que me enseñe a no quererte.

Me condeno a no acercarme demasiado.
Me condeno a no hacer caso a tus pecados.
Me condeno a encerrar, sin llave ni candado,
al duende que descubre tus encantos.

Me conformo con verte cada día.
Me resigno a conocerte cada viernes.
Me condeno a no acercarme demasiado.

Me ilusiono con vencer tu almirantía.



Andrew LeMarek, Barcelona. Feb 08

Expedición La Molina

Pecho en suelo, Andrew



Así se ve la nieve a ras de suelo, desde dentro de un iglú. Así, como si en esquimal te hubieses tranformado durante un par de días, se puede disfrutar de la montaña catalana. Un paraje natural, en La Molina, poco antes de descubrir el Pirineo. Porque se puede ir a la nieve y no esquiar...

Ermita de San Ramón


Parc Güell

(A Lalo y Caro, que supieron ser unos guiados espléndidos)



Pasar una tarde en el Parque Güell puede ser altamente satisfactorio. Un ambiente relajado, ameno y en extremo sorprendente puede hacernos olvidar que estamos en la inmensidad de Barcelona. La ruta monumental a través del parque es imprescindible para conocer a Gaudí.

La Pedrera


Un paso más


Vaya…

Una partida de cartas,
humos que aliñan las risas.
una cerveza de a dos,
Otra partida…

Una fiesta itinerante
un barrio nuevo -La Modelo, casualidad o coincidencia-
un carné de ciclista
y un libro por descifrar.

Verdades, promesas.
Una quimera casi olvidada.
Nueva música.
Aires que huelen a limpio
y suelos que no se hunden - otros lugares sí se derrumban-.
Un edificio por explotar y una ciudad desnuda.

Calles sin lengua,
rincón perdido y en el arcén
nubes sin color negro.
Un paso,
otro más…

Sonrisas,
acentos amables
y encuentros improvisados -te invito aun café-.
Volver…

Vaya… ilusiones…

Vínculos

Molt be. Supongo que así me siento ahora. Ahora, que ya no sufro por volver. Ahora, que ya no lucho por sentir. Ahora, que ya no vivo por pensar. Ahora, tranquilidad. La que me ofrece el hecho de sentirme cada vez más vinculado. En definitiva, uno se siente parte de aquellos sitios donde vamos agarrando vínculos. Y en ello estoy.

Ya no fuerzo situaciones. Ese primer paso de llegar a un lugar desconocido y luchar por un encuentro, por un café compartido o por un paseo de a dos, cada día es más automático. Cada vez más espontáneo. Día a día, la incertidumbre va dejando paso a la seguridad. Estoy seguro de que conseguiré vincularme. Ir dejando esas pequeñas migas de pan que ningún pájaro podrá devorar. Para indicar el camino. El camino de los lugares en los que fui feliz, el de las gentes que merecen un rincón en mi existir. Como el jardinero que recoge las primeras orquídeas del jardín.

A veces, empezar de cero en esta particular huida me hizo dudar. Los primeros pasos titubean como el primer impulso del trapecista incauto. Poco a poco, el acróbata cobra confianza y hasta se permite regalar un movimiento peligroso…

Vínculos, vínculos, vínculos… Pasos, pasos, pasos… Risas, risas, risas. Guiños, abrazos, vinos…

Mercat de l'Abaceria Central

Andrew, noviembre 2007

Esglèsia de les Saleses

IIII

(Para Yaiza, a la que siempre recordaré cada vez que Júpiter me impida poner un cuatro romano)

- ¿Me pone una Coca Cola, por favor?- Aún no me atrevo con el sisplau.
- ¿Con gas?
- ¿Perdón? Una Coca Cola- Aún pesa el sueño.
- Sí, sí... ¿Con gas?- risas.
- Sería un detalle- tarde.pero lo capto.
- No eres de aquí, ¿verdad? Por lo menos de Cádiz, o Málaga.

Casi atina. Todos los camareros son iguales. Al menos los de la Universidad. Debe existir una subespecie humana, el homo cafeterus facultatis, que abarca un grupo de barmen capaces de sacarte una sonrisa o, al menos, un gesto de asombro, por muy de mañana que sea.

El Sol de hoy se presentó tarde. De hecho, lo hizo después que yo. AVE Barcelona, como dría el centurión. Pero AVE ahora sólo trae caos. Un socavón aquí, una grieta allá. Y yo, que tengo que salir dos horas antes para afrontar el reto de tres trasbordos eternos.

Esto roza la ficción. Una estación de tren en el pueblo más recóndito puede albergar unos cincuenta personajes de amarillo fosforito: informadores, revisores, seguridad... Más una curiosa pasarela de Policía Nacional escoltando la fila de párpados caídos que se dirigen al bus sustituto de la Línea 2. Luego, Mossos que te abren paso en cada rotonda y carril exclusivo. Por unos minutos, te sientes alguien importante...

Pero pronto dejaré de serlo. Esta semana, quizá en las próximas horas, me espera un rincón entre la Diagonal y la Sagrada Familia. Un hueco que espero llenar pronto con el relato de nuevas inquietudes. Me espera una gran ciudad. Dejo la Línea 2. Fue bonito y efímero. A partir de ahora, sólo una línea amarilla me separará de un destino e aulas compartidas.

Hasta pronto. AVE Barcelona...


29_10_07
Pompeu Fabra, Edifici Rambla

Platja de Castelldefels

Volver...

(A Sevilla, que es su gente)


Volver… No sé por qué me empeño en esa obsesión de ida y vuelta, de viaje con retorno. Por qué casi siempre que pienso me planteo un destino a mil kilómetros de aquí. Vuelvo a repetir, Barcelona promete. Y convence. Pero más que nunca tengo claro que mi sitio está mucho más al Sur. Ahora, más que nunca, me alegro de no aceptar la huida hace un año. En eso, aunque sirva de cruel paradoja, me ayudó la princesa de mi cuento. La que en su día se hizo realidad. La que me recordó años más tarde cómo hablar con las estrellas. Sería hipócrita decir que la echo de menos, pero no menos falso decir que la olvidé. Ella, como todos, tuvo su momento; y un hueco en mi memoria.

Ahora, que ya no lucho por salir. Ahora, que no sufro por volver. Ahora, que no muero por vivir. Ahora, felicidad. Tranquilidad. Un sentimiento que emerge desde un rincón escondido para recordarme que nunca viene mal una huida… Siempre que conserves el deseo de volver. Saber que me quedan unos meses para poner fin a esta aventura con nombre propio me hace fuerte a la hora de salir a la calle. Salir con la ilusión de conocer algo nuevo cada día, de disfrutar con cada una de las sonrisas que me regalan aquellos a quienes conocí hace apenas unos días. Es difícil encerrarse sabiendo que cualquier día, todo puede terminar. Como el niño que sueña pasear con Peter Pan, aferrado a su mano en las alturas, sabiendo que en algún momento su mamá lo despertará para ir al colegio.

Ahora más que nunca lo tengo claro. Os echo de menos. No sólo esas cervezas derramadas en cualquier placita de Sevilla. No sólo improvisar citas a la hora menos adecuada. No sólo escuchar las historias de un hermano que te pide colchón para dormir. No sólo no esperar una llamada para acudir a tu lado. No sólo pasear por Santa Cruz para esperar sentado la batalla entre la Luna y el Sol. No sólo por imaginar destinos aunque no sepamos dónde quedan. Es por mucho más…

Es por pasear por unas calles que cada vez más son tuyas. Por saludar al tendero de la esquina, consciente de que no conoce tu nombre. Por escuchar al abuelo que todas las semanas acude a fumar el cigarro prestado. Por estar sentado en el sofá, sabiendo que quien te rodea no puede ser mejor compañía. Por ser, en definitiva, parte de un mundo donde tu opinión no calla. Tu mundo. El mío, a fin de cuentas. Porque repito, ya no sufro por volver. Ni muero por vivir. Ahora, más que nunca, aprendía vivir con la tranquilidad que me otorga el presumir de una sonrisa. Y vosotros ahí, en medio. Estirando de cada uno de los puntos de mi boca para que esa sonrisa no pierda su curvatura. Geniales….Y funcionarios de esa prisión que es Sevilla. Jamás una prisión tuvo connotaciones tan gratificantes…

Taché, ya da igual. Desde la distancia, sólo existe una Sevilla. En los mapas de aquí arriba no existe Sevilla 2. Tampoco encontrarás Sevilla 3. Ni siquiera encontrarás la parte de Sevilla que no quieras ver. Desde aquí, lo único que se ve es la Sevilla que quieres encontrar a tu vuelta. La de siempre. La Sevilla eterna… La que consiguió hipnotizar nuestras consciencias y resquebrajar nuestros temores. La que nos demostró que se puede creer en lo increíble. La Sevilla de risas compartidas y camas tranquilas.

Vivo mi particular Erasmus. El año pasado, una princesa salió del cuento para impedir que cometiera esa error. No huir. Salir ardiendo en deseos de volver. Pero con ganas de escapar un momento, claro. Lo consiguió. Nunca pensé que ella podría vencer esas tinieblas, pero lo hizo. Logró su objetivo y se marchó. Y ahora le estoy agradecido. Por todo lo que aprendí con ella… Por ofrecerme la posibilidad de no tener que huir…

Desde aquí todo es más fácil. Como el buzo que espera impaciente el regreso a superficie pese a disfrutar como nadie de la última inmersión. Como el alpinista que, aun sabiendo que nadie entiende mejor lo que es disfrutar de las alturas, desea ansioso volver con su familia. Tomar un café bien caliente mientras cuenta a sus amigos las fotos de su última aventura… Así me siento tan lejos de vosotros. Con la única seguridad de lanzar una promesa que pronto demostraré. Como la canción.

Volver…



Viladecans, 24 de octubre de 2007

Font de Montjuic


Impresionante espectáculo...

III

(A Raúl, cuya visita se antoja necesaria)

Tímido, el Sol se va dejando ver. Hoy amaneció mojada Barcelona. Una intensa cortina de agua impedía caminar tranquilo. Suele ser así: a una tormenta atroz, como si el reloj del mundo fuese a dar la última campanada y toda la lluvia cayese de golpe, sucede la calma y el buen tiempo. Uno se va acostumbrando...

Ayer tuve una aventura por esta ciudad. Pasear por ella sin otro interés que apreciar esos pequeños detalles que hacen grande una buena caminata. Tremendamente satisfactorio. El Rabal te lleva directamente a cualquier punto de Marruecos. Bueno, algún viandante de raza blanca te recuerda que no has abandonado Europa.

Aquí hay calles para todo. El bulevar de la música, con sus discos colgados, sus guitarras mirando al cielo y la ropa abundantemente negra, con esos personajes oscuros como perchero de turno, te demuestran que existe otro "barrio gótico" en Barcelona. El de verdad, impresionante, corono a la Catedral como santo y seña de unas callejuelas que te pueden tranportar a otro siglo... o a otra cuidad. Perderte en sus recobecos se convierte en un regocijo propio de los rincones más judíos del barrio de Santa Cruz. Tan sólo debes guiarte por tu imaginación...

La ciudad se transforma de noche. Podo parece diferente, luce diferente. Huele diferente... Espero con deseo el momento de trasladarme por fin a la capital, despertar en el corazón de Barcelona y echarme a la calle. Recibir visitas, mostrar a todos los que dejé abajo los encantos de mi hogar en esta batalla.

No se olviden: emprendí esta aventura como el reto de un soñador solitario en busca de un poco de soledad y un rincón desde el que escribir historias. Volveré...

Museu Nacional d'Art de Catalunya

(a Paco y Alfredo, que me demostraron la insignificancia de mil kilómetros)

Sagrada Familia

(para Álex y Jose, que todas las noches me demuestran que siempre tendré un sitio en La Juncal)

Vista de la Sagrada Familia desde el Mirador de Montjuic

II

(A Sergio. Porque cada periódico que recojo lo leo contigo)


Un paseo por ciertas zonas de Barcelona siempre es agradable. Gusta caminar por unas avenidas cuyo centro corresponde al caminante. Huele a flores frescas y la gente camina ajena a los tenderetes que ofrecen cualquier cosa. A cualquier precio...

Aquí parece que la Feria del Libro dura todo el año. Si no es una plaza es una ramble, o la acera improvisada de cualquier calle. La realidad es que hay libros por todas partes... incluso ofertas improvisadas a precio ridículo en alguna estación de metro. Claro, un par de trasbordos dan para mucha lectura.

Volviendo a las calles...aquí se cuida mucho el civismo. A los gatos, por ejemplo, no se les echa a patadas. Nada más lejos de la realidad... se les pone un chalecito y se crean parques para ellos.




Los perros no son menos. Tienen incluso más baños públicos que los humanos. Eso sí, a veces un cartelito te anuncia que tu perro no puede tirar de la cadena.



Las personas mayores también tienen sus diferencias. No se confundan: dejé de hablar de animales en el párrafo anterior. Decía, a partir de la jubilación, la petanca es deporte por excelencia. Por aquí se construyen parques que parecen exclusivos de los abuelos, plagados de pistas para jugar al deporte del boliche. Como quien construye una cancha de baloncesto o un campo de fútbol sala.

Ancianos juegan petanca junto al Arco del Triunfo

En fin, Barcelona promete. Al menos, volver a conseguir que me sienta niño, que me sorprenda con el más ínfino detalle y que cualquier cosa, aunque la haya visto antes, me parezca sorprendente. Te sientas en la terraza de alguna cafetería. Si vas solo, igual alguien te acompaña al desayuno. No hay mesas para todos y la gente está dispuesta a demostrarte que esta ciudad es diferente. Cualquier excusa, cualquier rincón, es bueno para conocerse...

Por cierto, ¡qué mal gusto tienen los gestores del carril bici! El modelo de bicicleta escogido por Bicing deja mucho que desear. Esto, al menos, no me termina de convencer...


Aparcamiento Bicing de la UPF

El Metrocentro en Barcelona

(A Pablo y Rebeca, que siempre defendieron su postura)


Paseando por la periferia de la Universitat encontré este particular pasaje. Como siempre, esta ciudad está dispuesta a hacerme recordar. Y recuerdo aquel día en Islantilla. Con el Cranium como protagonista de excepción.

Pablo, Rebeca, con la m... acepto Metrocentro como medio de transporte.

I

(a Taché. Por ese anillo que siempre lleva su nombre)


El Sol sale en Barcelona. Con los ojos aún resentido por el brusco despertar, caminas hacia la estación sin tener claro todavía porqué te encuentras en la ciudad de la Sagrada Familia. Que no te importe; lo importante es que estás aquí. Y lo compruebas cuando subes a un Cercanías abarrotado de gente. Bueno, estás incómodo, pero en veinte minutos estarás en tu destino.

Cuídate de no retrasar tu reloj. Aquí no existe el 36 y tu tren, salvo estos últimos contratiempos, saldrá puntual a la hora que marcan las pantallas de la estación. Eso sí, los trenes son como un enorme 36, y la gente peleo por cualquier hueco libre.





"Propera estaciò... Barcelona, Passeig de Gràcia".

Cambio de vías. Yo creo que la estación de Gràcia es el sitio más grande del Mundo. Toca cambiar el tren por el metro, y tienes la sensación de recorrer media ciudad por el subsuelo. En fin... suena un acordeón.

Sorprende salir a la superficie. Para quien nunca haya visitado la ciudad, el consejo es no buscar la salida. En Barcelona no existen. El bilingüismo es evidente en todas partes excepto cuando marchas de cualquier sitio. Como si quisieran atraparte en este universo de cultura y de civismo.

Grande como ella sola, Barcelona es diferente. No busques la salida. Busca la sortida, en todo caso.

L´Arc de Triunf

Propera estaciò... Barcelona


RENFE nos permite movernos por la geografía española con una facilidad más que envidiable. Quizá, es cierto, podrían existir más líneas que permitan acceder a ciertos lugares inaccesibles aunque llenos de encanto. No lo dudo. Sin embargo, esos artilugios de metal y plástico invaden las vías para recordarnos que aún existe algo más allá de nuestros hogares.

RENFE tiene un número tasado de estaciones. El tren de la vida, sin embargo, nos permite desplazarnos sin tener que sujetarnos a un destino concreto. Volamos, sostengo, hacia el rumbo que esogemos.

Ese tren de la vida me ha traído a una ciudad llena de encanto, un lugar donde la imaginación describe lo anecdótico y lo más habitual se convierte en algo impresionante. Barcelona convence y promete. De momento, sólo llevo dos días en mi nuevo destino, pero poco a poco iremos entrando en contacto con este otro mundo. El contacto se hará vía blog, que permite soñar más fácilmente.

Desde hoy os presento El Viaje de Andrew. Un punto de conexión entre Sevilla y Barcelona. Una nueva línea del tren de la vida que une la Península de norte a sur con un entresijo de historias y curiosidades. Espero que todos disfrutéis.
Yo soy Andrew. Ese viajero nocturno que poco a poco va descubriendo nuevos destinos. Ese soñador que peca de nostalgia cuando recuerda a aquellas personas que se empeñan en demostrarle que ya tiene un sitio a mil kilómetros de Barcelona. Pero así es Andrew, aventurero, observador y apuntador. Ya iré anotando los derroteros de estas madrugadas. Estas madrugadas que tienen, al menos, un punto de misterio y nuevos rincones aún por descubrir.

Sigue sonando esa sonatina: Propera estació amb parada... Barcelona.

Fotografía: Francisco Romero, "Quillo"

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